Maneras de ser creativa ahorrando en recursos

Pensamientos confusos

Hace unas semanas tuve una conversación con una amiga en la que imaginemos* que hablamos algo como lo que sigue:

Ella: Últimamente veo que se venden muy bien los mei-tais de juguete. ¿Has pensado en hacer alguno y venderlo en tu tienda? ¿O pañales de tela de juguete, hechos con retales?
Yo: Pues sí lo he pensado…, pero los mei-tais no los podría hacer con retales, necesitaría comprar telas extra para esto.
Ella: Es verdad, me parece que tú eres muy de no crear nada con materiales nuevos si no es imprescindible.

El dilema que sale a relucir aquí es más o menos que me encantaría crear todo tipo de artículos de tela, de papel, funcionales y bonitos; pero veo que el mundo no necesita tantos productos nuevos, hechos con recursos de primera mano.

Esa “sensación”

Me atraen manualidades, como la confección de libros con trozos de papel bonito**, crear joyas, coser bolsitos monos, que no hago por esa “sensación” que me viene de que no debería gastar esos materiales porque crear esos artículos no es una necesidad de primera línea para mí. Anotar aquí que no pretendo juzgar a los demás por el uso que hagan de los recursos. Para mí por ejemplo dibujar y escribir sí son tan importantes que no pienso en dejarlo, y gasto montones de folios, libretas y archivadores, y horas de ordenador para editar imágenes y texto.

Libretas

Reconozco que tengo ciertas ideas extremas. En mi familia hay muchos acumuladores de objetos, aunque existen dos enfoques opuestos en cuanto a su origen: por un lado nos encanta comprar, y por otro creemos que no hay que adquirir cosas nuevas ni tirar nada, sino reutilizar. Yo estoy por ahí en algún lugar, dividida entre diversas fuerzas y tratando de desapegarme de lo material.

La pregunta, en fin, que me hago hoy es: ¿cómo ser creativa sin gastar recursos?

Y la respuesta: cambiar la manera de entender la creatividad y enfocarla hacia la transformación positiva de aquellos objetos y procesos que son de primera necesidad en mi vida.

No tengo pretensión de parecer “superguay”. Yo estas cosas las hago porque es lo que mejor me va y con lo que me siento más cómoda. Al final es esta “sensación” que tengo la que me obliga. No digo que nadie haga lo mismo, ni quiero mirar mal a nadie que actúe de manera diferente que yo, solo cuento lo que me funciona por si inspira a otros.

La “filosofía de la transformación”

  • Comprar objetos nuevos solo si realmente son necesarios y no hay una opción de segunda mano que pueda satisfacer esa necesidad.

    A veces empleo muchas horas en conseguir que un objeto de segunda mano funcione para mí en vez de correr a comprar uno nuevo. Por ejemplo, contaría aquí las horas que invierto en transformar prendas de ropa. O el tiempo que estoy dedicando a poner a punto un ordenador de herencia en vez de comprar uno nuevo.

    En los últimos seis años quizás me he comprado alguna prenda nueva en dos ocasiones, y prendas de segunda mano en unos pocos momentos. La mayor fuente de prendas de mi vestuario es la reutilización y transformación de lo que me pasan. Uno de mis retos del momento es tener una selección de prendas “de vestir” para momentos más formales de mi vida. Esto para mí ha sido un poco más difícil de conseguir solo con las prendas que me pasa la gente que conozco, pero con un poco de maña también se puede.

    Los zapatos son quizás lo que más reducido tengo. Ahora mismo dispongo de un par de botas de montaña, un par de botines de vestir y un par de sandalias para el verano. No necesito realmente más. Quizás unas sandalias más elegantes para combinar con ropa de vestir 😛

  • Invertir en materiales de buena calidad y mantenerse en el rango de opciones correspondiente al nivel de uso que se pretende darle al objeto.

    Después de pasar el filtro de la necesidad real, cuando me decido a comprar algo miro que me vaya a durar aunque sea más caro. Por eso prefiero también comprar en tiendas pequeñas con muchos años de recorrido que en grandes almacenes. Lo que sí observo es que en cuanto a tecnología generalmente no es la durabilidad lo que varía tanto sino la funcionalidad. Por eso no me importa comprarme una cámara de fotos réflex de gama baja o un ordenador normalillo, porque el uso que les doy, aunque abundante, no es lo suficientemente técnico para sacarles el máximo potencial a los aparatos con la tecnología más avanzada.

  • Tener unos pocos objetos multifuncionales por encima de muchos objetos con una única utilidad cada uno.

    Por ejemplo ahora mismo solo tengo una batidora de vaso que utilizo incluso para hacer mayonesa, aunque sería más fácil hacerla con batidora de mano. Una caja de cartón se convirtió en mi cubo de basura con solo algo de cinta de embalar, unos tornillos y una cuerda de tender a modo de asa. En verdad me da un poco de vergüenza no haberme gastado el dinero en un cubo de basura metálico, pero bien pensado ¿es realmente necesario? Cuando me vaya a vivir a un lugar más definitivo me pensaré mejor lo del cubo, valorando también el aspecto estético, pero de momento este cumple perfectamente las necesidades.

    Cubo de basura con caja de cartón Compartimentos del cubo de basura reciclado La tiza de las pizarras la utilizo también para marcar los patrones sobre la tela. Tenía una bolsa entera de esta tiza, y en cambio no disponía de jaboncillos de sastre. ¿Por qué comprar jaboncillos si la tiza cumple exactamente la misma función? No he tenido ningún problema con la tiza, y la he utilizado mucho.

    Esto vuelve a rayar en lo extremo, pero ahora mismo tengo un solo cuchillo de cocina, y es una navaja. Es verdad que no llega hasta el centro de las sandías, por ejemplo, pero no veo ningún problema con eso. Por lo demás, el cuchillo corta cualquier cosa, por lo que veo que realmente no necesito otro.

    Hace un tiempo conocí la existencia de una herramienta para medir el ancho de los dobladillos. En mi caja de herramientas tenía algo muy parecido, así que ahora lo uso tanto para tornillos como para prendas.

    Herramienta multifuncional
  • Reparar o transformar antes que comprar.

    Parece que estoy hablando mucho de compras… cuando en realidad dedico muy poco tiempo a hacerlas. Ya he hablado arriba sobre la ropa, el ordenador… el cubo de basura… Ahora mismo mi sombrero de verano es uno que originalmente era de publicidad. Le quité la cinta original y ya lo estoy usando, aunque planeo ponerle otra decorativa. También tengo varios portalápices personalizados, hechos con la técnica de papel maché a partir de embalajes reutilizados y papel de periódico. Me he hecho varias bolsitas de tela para organizar el contenido del bolso, una riñonera, un bañador. Nada de esto ha quedado muy vistoso, pero está en uso y me ayuda mucho.

    Portalápices con material reciclado
  • Alimentación: adquirir sobre todo ingredientes simples, por encima de alimentos ya procesados.

    Algunos alimentos simples que compro habitualmente serían: fruta, verdura, cereales (arroz, copos de avena, harina de trigo), legumbres, frutos secos, huevos. Las comidas (desayuno, mediodía, cena) se componen de varios ingredientes simples y alguno procesado, pero con pocos ingredientes, como puede ser: leche de avena, pan, yogur, queso.

    Abajo una tortita (galette) hecha con trigo y untada con aguacate y sal de hierbas.

    Gallette con aguacate

En conclusión, decir que en este proceso de buscar actividades creativas respetuosas me he dado cuenta de que es posible cambiar la percepción e incluir una variedad muy amplia de actividades en el saco de la creatividad.

* Digo “imaginemos” porque el contenido de la historia es real aunque de la conversación no me acuerdo en absoluto.

* Scrapbooking. Ya dije que Mena iba a ser un 99% en español.

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